Tu historia, mi historia

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De un tiempo a esta parte juego con ventaja. Antes, me remonto a los tiempos en el que las redes sociales eran poco más que una quimera, elegía los libros por las portadas, las sinopsis, el bagaje compartido con el autor o, lo que mejor me ha funcionado: el boca-oreja. Ahora, como decía, juego con ventaja. Antes de decidir en qué historia sumergirme, de qué personajes rodearme o qué tipo de mundo quiero conocer, he leído numerosas reseñas (muchas veces de gente virtual que uno ya empieza a considerar como de la familia), opiniones de lectores, incluso críticas de escritores del género que uno ha de aprender a ponderar con la equidad necesaria. La parte positiva es que uno afronta la lectura con ciertas garantías de éxito (entendiendo éxito como reducir al máximo la probabilidad de cerrar el libro sin llegar a la última página). La negativa: indago menos, el instinto de búsqueda de nuevos autores se me atrofia e incluso el tiempo que paso en las librerías se ha visto mermado.

Pero de una forma u otra, antes y ahora, hay algo que no ha variado un ápice: la conexión. Da igual cómo hemos llegado a ese libro. Si ha sido el azar el que lo puso entre nuestras manos o la recomendación de nuestro librero de cabecera, tanto da. Cuando la historia te atrapa, el vehículo usado para contarla te seduce y realidad y ficción se confunden se obra el milagro. Tu historia, estimado escritor, es mi historia.

Os preguntaréis a qué viene todo este rollo. Muy sencillo: acabo de disfrutar un libro, una historia, unos personajes y un desenlace maravillosos, y quería compartirlo. No sé muy bien si este es el moderno boca-oreja o una simple reflexión de alguien que conoce de primera mano la complejidad de obtener un producto redondo como el que he tenido el placer de devorar en unos pocos días. No voy a decir nada del libro ni de su autor: no quiero robaros el gozo de investigarlo, ya sea en una librería, ya sea en Internet o en la Wikipedia. Solo diré el título y el autor. El resto del trabajo (placentero) es vuestro.

«La estrategia del pequinés» de Alexis Ravelo.

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