Autor

Hola, mi nombre completo es David Jiménez Martínez, soy un licenciado en Biología que, por mor de las circunstancias, ha terminado dedicándose a surcar el Mediterráneo, bajo el emblema de Vigilancia Aduanera, para combatir el fraude fiscal y el tráfico de drogas.

Nací en Cartagena, un día de la Hispanidad, allá por 1978, donde he residido hasta que en 2013, concretamente el 2 de enero, hice las maletas con mi familia (mujer, dos niños y varios animales de cuatro patas) y me instalé en el Grao de Castellón donde, todo hay que decirlo, me han acogido con los brazos abiertos.

Como sé que muchos sentís curiosidad por saber qué es eso de El Tito os haré un breve resumen:

Se trata del sobrenombre por el que me conoce el grueso de la gente de mi ciudad, y que nace de la época en la que, mientras estudiaba en la universidad de Murcia, trabajé como camarero para desahogar un poco a mis padres.

Yo, como veterano del bar, me encargaba de «bautizar», unas veces con más acierto que otras, a los nuevos trabajadores que se incorporaban. Una vez entraron dos de golpe: Mariano, al que decidí llamar Mari, y David, al que un compañero que se me adelantó, para no confundirlo conmigo, denominó Bruno. A ellos les hicieron gracia aquellos apelativos y Mari, por haberle puesto yo ese nombre, comenzó a llamarme papá, mientras que Bruno, por la cercanía con el que le había tocado en suerte como padre a él, me decía Tito. Con el tiempo Mari nos dejó y Bruno se quedó, así que todo el que entró después de él asimilaba que yo era el Tito; de manera que desde finales de los 90 me convertí, oficialmente, en El Tito de todos los que empezaban a trabajar conmigo.

Cómo un biólogo que trabaja en Vigilancia Aduanera acaba sentando frente a un portátil aporreando un teclado y tratando de arrancarle una historia es otra de las preguntas que más me hace la gente. La respuesta es bien sencilla: primero fue el escritor, después todo lo demás.

 

David Jimenez El tito, firmando ejemplares

 

Recuerdo que desde bien pequeño siempre escribía historietas, hacía cómics o simplemente soñaba con redactar el guion de una película. Así que, imagino, el escritor siempre ha estado latente hasta que un día decidió dar un paso al frente. No atesoro más premios que ver publicados varios relatos en libros de antologías y la edición de Muertes de sobremesaInspector Solo, aunque la mayor recompensa que he obtenido han sido las innumerables muestras de gratitud que los lectores me habéis dado a través de las redes sociales; ese y no otro es el verdadero motor que un escritor necesita.

Con esa idea nace esta Web: acercarme a aquellos que convierten meses de trabajo en solitario en meses de alegrías compartidas.